Pasan los años, y aunque la sociedad cambie siempre hay ecos de la ranciedad ética y cultural que esgrime una superioridad moral, inexistente por otra parte, ante los demás. Puede ser que sea también la única manera que tienen de hacerse notar aquellos que creen que su opinión debe sentar cátedra.
Haciendo caso omiso a lo perpetuado en la Biblia "No juzgueis y no seréis juzgados" (Mateo 7:1-5) algunas personas se han consolidado como auténticos representantes del calvinismo miguelete, pues año tras año siguen denunciando públicamente la moral del resto de la sociedad en el libro de ferias. Es evidente que esta manera de proceder se asemeja más a la de un presbítero calvinista que a la de un cristiano de base.
Es patente que al dirigirnos al público en un acto institucional o en una revista pública, el autor ha de ser comedido: estos actos son públicos y pertenecen a todos los integrantes de una comunidad y no a una parte determinada. Lo lógico en fiestas es buscar de forma sincera la comunión de la sociedad en torno a un proyecto de convivencia lo más plural posible y con unas reglas mínimas muy claras: el respeto.
Las fiestas son un momento muy especial para una localidad y sus habitantes. Los libros de fiesta no son el lugar donde denigrar la manera de vivir de una parte muy importante de la sociedad que, además, es una parte transversal (pueden ser del PSOE, cristianos, del PP, de VOX, ateos,...) como la de los divorciados. ¿A caso el autor se cree que la gente disfruta separándose? ¿Qué podemos pensar de una persona que llama tontos a los niños y los compara con animales? ¿Añora que vuelvan aquellos años donde la mujer tenía por oficio depender del capricho conyugal?
Este artículo es el resultado de otros tres que escribí anteriormente, y conforme los he ido cambiando la crítica se ha hecho más comedida gracias al atemperamiento que produce la reflexión. Esta reflexión aboga por conseguir objetivos que nos sirvan en un futuro, y para ello se necesita usar la razón frente a los sentimientos más elementales que nos pueda salir de dentro y que, por otra parte, enardecerían y caldearían al lector.
En un mundo líquido, donde la vida pasa y los valores cambian de un día a otro, es de agradecer, y digno de alegría para muchas personas, que el vínculo del santo matrimonio sea algo sólido y perdurable, un matrimonio que puede ser también entre personas del mismo sexo, afortunadamente. Bauman, el autor de la teoría de tiempos líquidos y de un libro sobre el amor líquido, es un ejemplo de persona que analiza y no juzga los tiempos ni a sus personajes, un hombre que encontró en su esposa un pilar eterno y sólido donde apoyarse firmemente en ese mar de liquidez moral e incluso gaseoso que predomina en nuestros tiempos. Pero Bauman no juzga, no dice qué está bien y quién es el mal, simplemente describe y analiza los entresijos y la realidad, que no es poco.
Es cierto que una parte de la juventud tiene un comportamiento cuando menos distinto a lo esperado por las generaciones anteriores, ¿y cuándo no ha sido así? El profesor Andrés Carmona recordaba que Aristóteles decía lo mismo de la juventud de su época que nosotros decimos de la nuestra. Será ley de vida ¿o no?
Lo importante de este artículo, muy autocensurado para conseguir terminarlo, es tratar de tener una revista de ferias para todos, cuyos artículos no deben romper con esa ética mínima tan necesaria para la convivencia. Adela Cortina, una de las mejores filósofas de España, recuerda que una ideología de máximos está abocada al fracaso, mientras que el consenso y el escuchar favorece la convivencia. Ese debe ser el objetivo de los artículos de feria, y no el contrario.
El artículo al que me refiero es un artículo mal elaborado y que usa una relación de pareja duradera como excusa para criticar la sociedad actual, en concreto el divorcio. Por otro lado usa las desgracias personales del autor al final del texto, técnica muy usada para crear en el lector lástima y poder así achacar a estas sus excesos verbales. David Trueba nos dice en su librillo Tiranía sin tiranos que la lástima funciona. No contento con ello, usa su afinidad con la Iglesia como escudo ante cualquier crítica. Es como decir: si os metéis conmigo os metéis con la Iglesia. Nada más lejos de la realidad.
El artículo comienza con un autoelogio en el que su autor se considera un cruzado (como los de no tan antes, que el siglo XII le queda lejos) y, paradójicamente, en estos tiempos donde cada uno piensa de forma distinta (posmodernismo se llama) no duda en crear una distorsión de la realidad digna de Matrix, pues comienza dando por hecho que toda la sociedad está en contra del matrimonio, sobre todo los jóvenes, a los que viene a decir que piensan en el matrimonio y se les aparece el maligno. Es evidente que la sociedad no es ni tan monótona ni desprecia poder convivir con la persona a la que se ama, simplemente unos no quieren casarse y otros quieren, y dentro de los que se casan hay algunas personas que, por desgracia para ellas, se dan cuenta de que se han equivocado de compañer@ de vida. Con una esperanza de vida mucho mayor que hace 50 años, hay tiempo para volver a intentar ser felices con otras personas y tener una segunda posibilidad, así de simple. No es fácil tomar la decisión de divorciarse o separarse, ni suele tomarse de forma liviana, salvo algún incidente grave. Romper con una persona que lo fue todo durante un tiempo (mucho o poco) es duro, más si hay hijos de por medio, de ahí este enfado ante la publicación de un artículo en que el autor los compara con animales y llama tontos a hijos, padres y abuelos; "Hijos juntos que no son hermanos, Abuelos juntos que no se conocen... algo así como el Arca de Noe pero a lo tonto." Está claro, por los artículos de otros años, que el autor cuando está en misa se fija más en qué hacen los demás que en escuchar eso de " todos somos hijos de Dios" o "daros la paz como hermanos", además ¿no fue la familia de Jesús algo distinta al estereotipo creado? Una madre que vive con un hombre, José, que cría a un hijo que no es suyo como si lo fuera, ¿no es ese un acto de amor sincero? ¿Acaso no emulan esa actitud ante la vida los padres y madres que adquieren una responsabilidad con un niño que biológicamente no es suyo? ¿ese amor que va más allá de la sangre no es más digno de aprecio que del escarnio público al que les somete el autor?
Es manifiesto que persiste en el tiempo y en el artículo la idea de Eva "la pecadora", pues considera que el papel de la mujer es esencialmente permanecer a las órdenes de su marido: " Las mujeres lo mismo, y además casa y maternidad. Todo un desafío. Todo un ejemplo y casi siempre. A BOCA CERRADA, todo lo contrario que ahora mismo (...)". Sí amigo lector, estamos en el siglo XXI y en un país occidental cuyo frase que acaba de leer firmaría por buena un talibán. ¿Ese es el futuro que quieres para ti, mujer? ¿Ese es el futuro que quieres para las mujeres de Miguel Esteban, lector?
Continuando el texto observamos cómo hace trampa otorgándole exclusivamente la responsabilidad del divorcio a la actitud de no sumisión de la mujer: " (...) este quizá era el soporte de aquellas familias, Ahora son otros tiempos, otras formas, y otros resultados conyugales". El autor elude y esconde la verdad. El divorcio hace 50 años estaba "prohibido" pero, además, no informa de las restricciones que una mujer tenía a efectos legales a la hora de pedir un préstamo, tener propiedades, abrir una cuenta de banco, etc. Por tanto, aunque hubieran tenido la posibilidad de divorciarse, el día después del divorcio no presentaba tintes halagüeños. Restricciones que algunas mujeres resolvieron gracias a su condición social y económica elevada y que, por tanto, no representaban a la mayoría de la ciudadanía. Sin contar con la presión tan grande que supone divorciarse en un pueblo, donde es más difícil evadirse del peso del murmullo y los juicios ligeros.
Lo cierto es que el cristianismo siempre ha tenido una pequeña ventana abierta al divorcio. Incluso en el siglo XVII en España hay documentados casos de divorcio por motivos de infertilidad (tanto de hombres como mujeres) o por las palizas que recibieron algunas mujeres que acabaron medio muertas tras padecerlas. No obstante, lo cierto es que también hubo mujeres que participaron del cambio en la sociedad, y un ejemplo lo vemos en Miguel Esteban en 1873-74, años en los que hubo 20 bodas civiles. No es de extrañar, pues, que cuando las puertas del divorcio se abrieron, y al menos los derechos civiles y políticos se igualaron, muchas mujeres optaran por tomar la decisión que necesitaban para ser felices, y en ocasiones hasta para salvar la vida.
En conclusión, no nos encontramos ante un artículo agradable de leer en un día festivo, ni no festivo. Es tosco en formas y gramática, de un gusto rancio que avergüenza y avergonzará a esta generación y a las futuras cuando foráneos y generaciones venideras lleguen a creer que este es el sentir de la mayoría de la población.
No es un texto religioso, por mucho que use a Dios para justificar sus cuasi ideas. De hecho, en el propio artículo acaba hablado de Generosidad divina, que es, junto a la empatía por los que han pasado por el trauma de la separación, lo que le falta al artículo y al autor: generosidad, empatía y aplicarse aquello de: consejos vendo que para mí no tengo.
11 de Septiembre, un día después de ferias.
Vicente Torres Encinas.
